Apuestas

Informacion sobre las apuestas en internet

Blogalia, anunciate con nosotros

Lotería de navidad

Pedrea - Predicciones de Loteria 2010 - Loteria de navidad - Pedrea 2010




Mi tío Paco, hermano de mi madre, vivía con nosotros. Era un señor manco que siempre andaba por casa en pijama y pantuflas,tapado en invierno por una bata de cuadros marrones. Nunca pregunté a a qué se dedicaba ni por qué compartía nuestra casa, pero sí sé que mi tío Paco se volvía loco por la lotería de navidad.

Cada veintidós de diciembre se adueñaba de la mesa camilla del salón y disponía sobre ella todos los décimos y participaciones que jugaba, como si fuera un ejército de papelitos, ordenados por sus terminaciones, del cero al nueve. Encendía la televisión y la radio y seguía el sorteo a través de ambos aparatos;  no sé cómo era capaz de distinguir los números que iban saliendo entre todo aquel barullo de voces, pero, de este modo, separaba sus papeletas en dos montones, las premiadas o no.

A eso de la una del mediodía, apagaba la tele y la radio, hacía una bola con las papeletas sin premio, se metía las otras, las menos, al bolsillo,  y se marchaba a la cocina a grandes pasos; del almanaque colgado junto a la puerta de la galería, arrancaba todas las hojas entre el veintidós y el siete de enero, y las tiraba a la basura. Se asomaba al patio de luces y gritaba como un loco  «la navidad es una mierda», arrastrando mucho la última palabra como si quisiera untar a todo el mundo con ella. Después, se encerraba en su habitación, de la que apenas salía hasta el día siete de enero, pese a los ruegos de su hermana y las amenazas de echarlo a patadas que profería mi padre cuando llegaba de trabajar y se encontraba la misma escena de todos los años.

Cada veintidós de diciembre yo rescataba de la basura esas hojas del almanaque, las grapaba y componía mi propio calendario de la navidad, en el que apuntaba todo lo que pasaba en esas fechas: qué había pedido a los reyes y qué me habían traído, qué platos había preparado mi madre; quién había venido a cenar, quién había faltado un año o ya para siempre; la primera vez que salía en nochevieja… En fin, mi tonto diario navideño.

Aún guardo esas hojas grapadas, las de todos los años entre 1981 y 1996. Excepto las del año 1992: aquella sí que fue una navidad muy, muy especial.

¡Suerte a todos!

Escriba un comentario