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Debo de ser una de las pocas personas que saben, no solo que van a ser premiadas en la lotería de Navidad este año, sino incluso la cuantía exacta: 68€. Es la cifra, según una noticia, que el españolito medio va a gastarse este año en la lotería de Navidad y es, podríamos decir, lo que yo me voy a ahorrar puesto que, un año más, no pienso adquirir ninguna participación. La verdad es que me esperaba más pero bueno, para algún que otro regalillo me dará.

Siempre me ha parecido curioso el fenómeno de la lotería. En primer lugar porque es un negocio redondo: entregas un porcentaje de lo que previamente recaudas, es decir: rentabilidad asegurada. En segundo lugar porque a pesar de que la probabilidad de resultar premiado es ínfima, la participación es masiva.

Después está el tema de los números. He oído que este año está triunfando la fecha de la visita del Papa. Lo que no queda claro es si Dios allá en el cielo utilizará el formato de fecha español o el internacional. Pero al margen de intervenciones divinas, lo que más gracia me hace es que mucha gente piensa que unos números tienen más probabilidad de salir que otros. Así un 86436, por ejemplo, tendría más probabilidad de salir que un 11111. La probabilidad de todos y cada uno de los números del bombo es igual. Igual de remota, claro. Lo único que pasa es que hay muchos más números “normales” que “raros”.

La última tontería que he oído con respecto a los números ha sido en una noticia: que las mujeres suelen jugar más a los pares y los hombres más a los impares. Creo que es una estadística que igualmente se podría haber sacado entre los del norte y los del sur, entre los del Madrid y los del Barça, entre los del PSOE y los del PP… en fin. Si haces un sondeo entre estos “contrarios” es muy probable que el resultado dé que unos juegan más a pares y otros más a impares (de hecho la probabilidad de que salga así es del 50%). ¿Y qué querría decir eso? ¿Qué demostraría?Absolutamente nada. En mi opinión es una forma muy mala de adornar una noticia. Los periodistas saben perfectamente que las estadísticas resultan muy atractivas. Siempre se queda uno pensando “qué curioso”.

Otra cosa que resulta curiosa de la lotería es que la venta aumenta en tiempo de crisis, lo cual personalmente me parece lamentable por varios motivos. En primer lugar porque me parece triste pretender salir así de una mala situación económica. En segundo lugar porque, tal y como yo lo veo, el hecho de que no se informe sobre la probabilidad de acierto convierte a la lotería en una estafa en toda regla. Y por si esto fuera poco las loterías se diseñan de forma que el consumidor tenga una falsa percepción sobre es probabilidad. Yo obligaría a que en cada papeleta se informara sobre la probabilidad de acierto, incluso con comparaciones del tipo: “La probabilidad de ganar el premio gordo es cinco veces menor que la de ser alcanzado por un rayo”. Me pregunto en qué medida descenderían las ventas. De lo contrario para mí la lotería es una estafa, totalmente aceptada tanto por el gobierno como por los ciudadanos, pero una estafa. Estafa que, en época de crisis, es doblemente cruel ya que los más estafados son los más pobres.

Y lo que ya me parece el colmo es lo de querer comprar los mismos números que la gente con la que te relacionas, “porque ¿y si le toca?”. Pasa sobre todo con los compañeros de trabajo. Me pregunto dónde cortarán. ¿En el despacho? ¿En el departamento? ¿En la planta? Es imposible participar en todos los números en los que participa toda la gente con la que te relacionas y lo malo es que ¡puede tocar en uno de esos que no has comprado! Imaginemos la situación: te dejas 500€ intentando comprar los mismos números que casi todos tus compañeros de trabajo y luego va y le toca a uno de los que no habías copiado. En realidad lo que más me llama la atención es que lo hacen porque en general no se concibe la idea de ser el único o uno de los pocos que se queden sin premio en caso de que toque. Como si no se lo fueran a perdonar en la vida. Como si fuera imposible sobrevivir a una situación como esa: asistir como espectador a la euforia del vecino. ¿Muerte por envidia?

Comprendo hasta cierto punto que la gente juegue a la lotería, sobre todo cuando no represente una cantidad significativa de sus ingresos y no se convierta en una patología. Al fin y al cabo cada uno es libre de gastar su dinero en lo que más le plazca. También comprendo que para mucha gente sea un aliciente más en la vida. Qué duda cabe de que “de ilusión también se vive”. Quizá lo malo es que esa ilusión es ficticia en el sentido de que, tal y como he comentado antes, la gente tiene una falsa percepción sobre la probabilidad de que le toque. Está demostrado.

Personalmente no creo, en general, en “lo fácil” y menos que nada, en el dinero fácil. Estoy convencido de que el dinero fácil da felicidad inmediata y problemas a medio o largo plazo. Quizá muchos no me crean pero en realidad no quiero que me toque la lotería. ¿No es ésta una razón de peso para no jugar? Javier Cercas daba otra muy buena razón para no jugar en uno de sus artículos hace algún tiempo: “no juego a la lotería por miedo a que no me toque”. Está claro que él tenía en cuenta la probabilidad real de acertar. Pero la principal razón por la que no juego es quizá la más simple: intento no poner en riesgo mi dinero en algo que no dependa directa o indirectamente de mí. Lo habéis adivinado: tampoco invierto en bolsa. No me haré rico, pero tampoco es ese uno de mis objetivos en la vida.

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