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Hace algunos años, en el 2006, más exactamente el 15 de octubre de dicho año, una argentina, llamada Verónica Baena se sintió la mujer más dichosa. Hablando de dinero, claro. Creyó que finalmente había tenido suerte en su vida y sus problemas económicos habían terminado. Aquella noche del 15 de octubre del 2006 jugó apenas 35 centavos en una máquina tragaperras y esperó a que los cilindros se detuvieran. Y el visor de la tragaperras se iluminó: 35 millones de pesos de premio, aparecía en el visor. Un poco más de 9 millones de dólares. Pero las penurias de Verónica, lejos de terminar, se hicieron mayores en ese mismo momento.

Lo primero que hizo Verónica fue sacar una foto con su móvil del visor que indicaba el premio. Enseguida se acercó un empleado del Bingo Mirador, el sitio en el que estaba jugando, propiedad de la multinacional Codere, quien le informó que el premio no se pagaría, ya que había un error. Una “falla técnica”, argumentaron. Con una increíble lucidez para el momento que estaba pasando, Verónica se negó a que alguien más tocara la tragaperras hasta que llegara un escribano que certificara lo que allí sucedía y un abogado.

El caso llegó rápidamente a los medios de difusión y comenzó entonces uno de los juicios más escandalosos en la historia de los juegos de azar: un premio certificado por autoridades, y que la empresa se niega sistemáticamente a pagar. Codere ofreció a Verónica la suma de 35.000 pesos por todo concepto (unos 9.000 dólares), en concepto de indemnización, aduciendo que el premio real máximo de esa tragaperras era de 2.500 pesos. Verónica aceptó en diciembre los 35.000 pero en concepto de adelanto por el total, y el juicio sigue en curso. Hasta hoy.

El abogado Blousson, representante de Baena en el juicio contra la empresa española Codere, es claro: “La cuestión del error técnico no es imputable a mi cliente. Nosotros creemos que esto no es un error, sino la evidencia de que en las casas de juego existe una manipulación de los sistemas informáticos para sacarle plata a la gente”. Y añade: “Si ellos mismos reconocen alegremente que fue un error, entonces debieron haber cerrado el bingo y haber chequeado el software de todo el sistema. Pero no lo hicieron. Por eso creo que hay una estafa, y tienen que ir presos.” Y es cierto, el bingo nunca cerró, nunca se verificó el software, nadie responde, hasta ahora, por esa “falla técnica”.

Historias como ésta hay varias. Verónica no es la única persona a la que se le ha negado un premio en una tragaperras aduciendo “fallas técnicas”. Hay antecedentes que favorecen a Verónica: un caso similar en 2001, con la misma empresa (Codere), que fue resuelto a favor del cliente. Claro que se trataba de 180.000 pesos y no de 35 millones.

Veremos que le depara la justicia a Verónica. Porque en la suerte, está claro, no puede confiar.

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