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Descripción: Dícese de un boleto de lotería tipo “rasca” de venta en farmacias. Haciendo pis sobre dicho boleto comprobamos si hemos resultado premiados o si por el contrario, tenemos que “seguir buscando”. No existen reintegros ni aproximaciones, hay un único premio gordo que se canjea a los nueve meses en forma de bebé.

Nivel de dificultad: Muy variable. La dificultad en su uso varía en función del tipo de test de embarazo:

1- Test de embarazo analógico: Es necesario hacer pis sobre ellos para que “arranquen”. Tras esperar cinco minutos debemos proceder a descifrar un intrincado código de origen maya en la ventanita del test:

Una rayita: No embarazada. Dos rayitas: Embarazada.

Aunque a priori parece sencillo, el resultado suele ofrecer interpretaciones difusas. Si los nervios destrozan nuestra puntería mingitoria nos encontraremos con una ventanita llena de sombras y claroscuros capaz de confundir al mismísimo Rembrandt.

2- Test de embarazo digital: Se denomina “digital” porque es imposible llevarlo a cabo sin mancharse los dedos. Se trata de un “rasca” electrónico que, a pesar de su sofisticado mecanismo y elevado precio, también funciona con pis. Nos da información sobre si la mujer está embarazada poniendo “sí” o “no” (sin códigos mayas), semana gestacional en la que se encuentra, postura en la que tuvo lugar la concepción, temperatura del moco cervical en dicho momento así como la huella dactilar del feto y la posible universidad a la que asistirá cuando crezca .

Nivel de peligrosidad: Muy variable. Aunque se puede jugar a la lotería todos los días (y varias veces), el sorteo sólo se celebra dos días al mes. Como en todo juego de azar, hay ciertos riesgos:

1- Mujer que desea el premio gordo y juega con su marido cada día. A final de mes compra un rasca y descubre que no ha resultado agraciada. Esto supone un disgusto.

2- Mujer que no desea el premio gordo porque piensa que recibir un premio tan grande sólo podría complicarle la vida. No juega nunca a la lotería, pero un día conoce a alguien en un bar y deciden jugar un numerito a medias. Casualmente, le toca. Esto también supone un disgusto.

Ejemplo de frase en la que puede utilizarse con correción la palabra:

Fui a una farmacia a canjear un test de embarazo premiado y me contestaron que debía cobrarlo en mi hospital de referencia.

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