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¿Por qué odio la Navidad?

Pedrea - Predicciones de Loteria 2010 - Loteria de navidad - Pedrea 2010




“Ya es Navidad”, me adelantaba una carta de El Corte Inglés al abrir el buzón. Mi particular cuenta atrás comenzó hace 2 semanas en el supermercado. Buscando desesperadamente el pasillo de los lácteos, allí estaban, los primeros polvorones del año, como si alguien los hubiese puesto en mi camino minutos antes. Relucientes, con su plástico dorado, verde, rojo, imposible ignorarlos. Los miré, suspiré y me fui, olvidando la jodida mozzarella. Poco después llegarían los primeros catálogos de juguetes, las “mega-ofertas” del Supercor en cigalas, langostinos y demás productos naúticos… y por fin, hace 5 días, el punto crítico de la Pre-Navidad. De una furgoneta blanca aparcada delante de mi casa vi salir a 2 hombres con peto azul y una escalera, y poco después salió un tercero portando una enorme hilera de bombillas variopintas y coloridas.

-Pffff, no me jodas, aún estamos en Noviembre y a van a colgar las putas luces- Le dije al tío del kiosco mientras le pagaba mi habitual paquete de Winston.

-Los meses pasan volando, amigo- Contestó mirando a la furgoneta con una expresión entre nostalgia y tristeza.

A medida que pasan los días empezarán los rituales de siempre. -¿Qué pongo de cena en Nochebuena?- – No se que regalarle a mi suegra- etc.

Y ahora ya entrando en materia y con la aorta en estado de inflacción. Odio ese afán de la sociedad actual por inculcarnos que en Navidad, y pase lo que pase el resto del año, hay que pintarse una sonrisa eventual, hay que alegrarse por ver a ese primo con el que te dabas de hostias siempre, o tener que hacer regalos materiales y superfluos para demostrar lo mucho que nos queremos, aunque los 360 días restantes nos odiemos con todo el alma.  Sentarse en una mesa rodeados de familiares que sinceramente, te la sudan. Un primo de Huesca, una tía que ni siquiera sabe cuántos años tienes o el típico amigo de la familia que se cree un Dios mortal por el hecho de saberse 200 chistes de curas y ventilarse una botella de Jack Daniels antes de que llegue el primer plato.

Me niego a cantar villancicos mientras hago la compra. Me niego a brindar con cava con gente que no soporto y que, probablemente, tampoco me soporte a mi. Me declaro en estado de rebeldía contra la Navidad y sus secuaces. Me niego a tener que cenar sopa de marisco, centollos y vino de 40 euros cuando el cuerpo (y la cartera) me pide huevos fritos, patatas y cerveza. Porque esa es otra, hay que hacer comida para 45 aún sabiendo que a la cena seremos 9, pero que cojones, es Navidad, y si no sobra comida, no sería lo mismo. Odio profundamente tener que sacar una mierda de árbol de plástico verde de un bahúl y tener que adornarlo como si fuese a venir el mismísimo Jesucristo a poner la última bola como homenaje. Me acuchilla la moral tener que comer turrón en todas sus variedades, solo por no hacerle un feo a mi madre, que estuvo decorando la bandeja de plata con trozos milimétricamente cortados durante una hora. Me toca los péndulos que me ofrezcan lotería en cada bar, en cada tienda y en cada puta alcantarilla de la ciudad. -Es lotería de Navidad, ¿como no lo vas a comprar?- Así estuviese firmada y dedicada por el jodido calvo de los anuncios, no quiero lotería de Navidad. Creo que ya hay suficientes gastos.

Eso sí, en Nochevieja yo seré el primero en agarrarme una buena borrachera, señores, porque eso no es navideño ni esporádico, eso viene siendo habitual.

Feliz Navidad

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