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Al igual que poner el árbol de Navidad, ver el encendido de las dulces y atiborraznos de mantecados cada vez antes; un año nos vemos en agosto comiendo turrón en la playa. También los anuncios de Navidad se han convertido en una tradición típica de estas fechas.

El anuncio de la lotería, tan característico hasta 2005 por su “calvo” que nos decía: “¡Qué la suerte te acompañe!“. Os dejo aquí el último que hizo. La verdad es que si lo hubiéramos sabido, la suerte ese año se la hubiéramos deseado a él. Risas aparte, si lo analizamos bien, ¿qué sabemos del personaje principal, salvo que era “el calvo de la lotería”? Nada. ¿O quién se acuerda ya de él?

Otro anuncio que esperábamos con impaciencia era el de freixenet. De hecho, el anuncio en sí era noticia. Sabíamos con antelación quienes serían las burbujas de ese año, caras famosas participaron en él: Michelle Jenner, Ricardo Darín, el equipo español de natación sincronizada, David Bisbal o Penélope Cruz… Pero, si hay alguno que se ha quedado en nuestra retina han sido los protagonizados por el equipo de gimnasia rítmica y el equipo de natación sincronizada. Puede ser porque ambos fueron protagonistas no solo de un anuncio, como había hecho la marca desde su origen en los 70, sino de dos años consecutivos.

Os dejo el de este año. También sus tradicionales burbujas han pasado a la historia…

 

Sin embargo, el papel de anuncio embajador de la Navidad ya no está solo en sus manos: una marca que vive de que compremos lotería y otra de que bebamos cava. Sino que decenas de marcas aprovechan  para lanzar un anuncio que “nos saque la lagrimilla” en estas fechas.

Parece que en la época del storytelling publicitario, ya no “vende” mostrar a gente disfrutando o riendo. Ahora, lo que deja huella es recordarnos el poco tiempo que dedicamos a los demás, nuestra adicción al móvil o lo poco que conocemos a los que más nos importan. Me refiero a spots como el de IKEA y el de Ruavieja que todos hemos visto. Y digo todos porque si antes había que tragarse los anuncios televisivos esperando que saliera el que esperábamos, ahora recibimos el link a través de WhatsApp con un: ¿habéis visto el anuncio de…?”.

Y, sí. Los hemos visto, nos hemos emocionado, compartido y nos hemos sentido un poquito más culpables. Quizás ese sea el secreto del éxito de la publicidad del siglo XXI…

¡Nos leemos el próximo domingo!

Pd: pidamos a 2019 que el artículo 13 solo sea un “asusta viejas”, sino este tipo de entradas serán inimaginables.

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